He observado a monos de todos los colores luchando, con distintas armas y distintas voces, bajo diferentes banderas con todas las formas y dibujos posibles. Arrasando y saneando. Destruyendo y creando.
He visto a las serpientes, de pelos blancos en sus cabezas y zapatos brillantes, formas elocuentes de estrangular a los ratones por su afán de querer comer aún saciadas. Jugando a sumar ceros, con otros tableros
He oído los llantos de los perros y los gatos en las calles asfaltadas, desesperados por conseguir donde calmarse, donde sentirse y donde encontrarse. Perdidos entre las luces de las desgracias
He sentido los ojos de las aves sobre mí, grandes y acosadores. Sin descanso revoloteando en círculos con ensordecedores ruidos. No sé si acechándome o protegiéndome.
He tocado lo encuartado de la vida, quemado por el devenir, des-hidratos por Sol y la Luna. De grandes montañas y cañones. Con manchas proliferantes, oscuras y redondas. Rostros en vida de la muerte.
Aún así, sigo sin ver, escuchar, sentir y tocar la realidad de esta selva. Será, entonces, ¿qué hay algo más atrás de ésta?
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