Tú por aquí...

Sed bienvenidos a este pequeño universo de neuronas y entes olvidados ...

martes, 14 de abril de 2015

Moi-lino

Y veo las sombras que van recorriendo por los pasillos. Pregunto con mi voz rota, ¿quién es? ¿quién se acerca por el horizonte?

Sin respuesta.

Mientras continuo observando las sombras, danzando  en círculos. Como si de folclor se tratara.

A lo lejos, se oye un rugido, puede ser venido de la calle o de mi lado, ya que perdí la noción de las distancia. Corro, quizás para huir de todo lo que a mi alrededor se antoja extraño o para encontrar alguna coherencia.

Llego a una habitación tan grande que incluso me hace sentir pequeña. En medio veo un molino rojo ya viejo sin casi encanto, pero aún tan vivo. Es movido por el agua, que corre tímida por las asas de éste. Tan delicada y tan fuerte a su vez. Aparece el viento, de repente, al rededor de éste, pretendiendo jugar, como si tuviera envidia de su acción, e impotente crea un cortina en su entorno llegando a ocupar toda la habitación. Me ciega y caigo en el mismo suelo, desorientada.

Sueño con otros mundo pero no los distingo.
En uno de ellos hay un enorme acantilado, pero sin profundidad alguna. Siento que resbalo por una de sus partes y asustada grito sin voz cerrando tan fuerte los ojos para no ser consciente de mi perecimiento.

Recupero el conocimiento de mi instancia.

Oteo a mi alrededor, y no encuentro nada.

Me levanto.

Solo hay un gran Sol.

Todo ha desaparecido. Solo estoy yo enfrente del amanecer.

lunes, 13 de abril de 2015

Algo hay.

He observado a monos de todos los colores luchando, con distintas armas y distintas voces, bajo diferentes banderas con todas las formas y dibujos posibles. Arrasando y saneando. Destruyendo y creando.

He visto a las serpientes, de pelos blancos en sus cabezas y zapatos brillantes, formas elocuentes de estrangular a los ratones por su afán de querer comer aún saciadas. Jugando a sumar ceros, con otros tableros

He oído los llantos de los perros y los gatos en las calles asfaltadas, desesperados por conseguir donde calmarse, donde sentirse y donde encontrarse. Perdidos entre las luces de las desgracias

He sentido los ojos de las aves sobre mí, grandes y acosadores. Sin descanso revoloteando en círculos con ensordecedores ruidos. No sé si acechándome o protegiéndome.

He tocado lo encuartado de la vida, quemado por el devenir, des-hidratos por Sol y la Luna. De grandes montañas y cañones. Con manchas proliferantes, oscuras y redondas. Rostros en vida de la muerte.

Aún así, sigo sin ver, escuchar, sentir y tocar la realidad de esta selva. Será, entonces, ¿qué hay algo más atrás de ésta?