Tú por aquí...
Sed bienvenidos a este pequeño universo de neuronas y entes olvidados ...
martes, 16 de julio de 2013
viernes, 12 de julio de 2013
Carta de un "adiós" (improvisación)
Para ti: Aquella que iluminas y oscureces todo.
No sé bien porque parte comenzar si todo parece ya el fin.
Las palabras se atragantan en mi garganta pero paran de acosarme en mi mente. Una burla boba de mi destino, de aquel hombrecillo sentado en un rincón, riendo a carcajadas, de esta imagen que soy y de la que fui. Como gorrión enjaulado.
Si es quizás lo que más afectó fue el dejar de sentir tu tibia mirada, que tan pícara resuena aún en mi memoria. Unías las distancias del aire, del tiempo, del espacio con unas solas pupilas. Conocías la manera de que ellas se aferraran con ahínco en mi ser con un sólo parpadear. Grandes y saltones, creadores de realidad.
Será las mañanas ocultas del Sol, ennegreciendo más el horizonte, que me engañan recreando tu imagen y aquel eco de tu voz cálida. Resonando entre las vacías paredes, las mismas que alguna vez fueron testigo de tu presencia. Cuanto más te extraño y cuando menos te espero. Anegado en la verdad de que quizás partirás y no me llevarás.
Fuimos uno, sin pertenecer a nadie ni a nada. Sólo dos personajes que aprendieron a subsistir. Unidos por algo más antiguo que el hombre puede conocer.
Fuimos uno, sin pertenecer a nadie ni a nada. Sólo dos personajes que aprendieron a subsistir. Unidos por algo más antiguo que el hombre puede conocer.
Silueta de tu cuerpo, torturadora de placeres, en el vacío me haces tuya. Coges cada átomo de mi cuerpo, lo envuelves en tu "nada". Exprimiendo todo lo que quedó de humano en este ser.
¡Oh amore!, ¿He de merecer yo, el perecer cada día por tu recuerdo? ¿He de sufrir, como cual pecador, la condenada de quemarme por las sombras que dejaste en mi piel?
Si en una vida lejana, algún otro ser sintiente fue tentado por la dicha del placer de ser querido, aquel placer que nos hace mudar de piel para fabricarnos la suya propia, al igual que lo fui yo. Sea advertido de que al final toda muerte marchita la vida, como cual cruel invierno azota las rosas. Y es que nada más deseo yo, que estar allá junto a ti. Aunque sea por abstractos espejismos.
Si en una vida lejana, algún otro ser sintiente fue tentado por la dicha del placer de ser querido, aquel placer que nos hace mudar de piel para fabricarnos la suya propia, al igual que lo fui yo. Sea advertido de que al final toda muerte marchita la vida, como cual cruel invierno azota las rosas. Y es que nada más deseo yo, que estar allá junto a ti. Aunque sea por abstractos espejismos.
Vuelve, sólo un día más, amore.
Esperaré hasta que ella venga. No me añores que la espera será poca y no sientas culpa de estas palabras, ya que fue todo agradecido que pudieras darle motor a esta oxidada maquinaria.
Seguiré sentada, en dirección al cielo, para discernir alguna imagen tuya. Y así, al cerrar mi cansados ojos poder llegar a volver envolverme. Ya no sólo recordarte sino presenciarte.
Agotada alma que en mi queda, es poca la espera.
Esperaré hasta que ella venga. No me añores que la espera será poca y no sientas culpa de estas palabras, ya que fue todo agradecido que pudieras darle motor a esta oxidada maquinaria.
Seguiré sentada, en dirección al cielo, para discernir alguna imagen tuya. Y así, al cerrar mi cansados ojos poder llegar a volver envolverme. Ya no sólo recordarte sino presenciarte.
Agotada alma que en mi queda, es poca la espera.
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