Hoy reivindico mi derecho a hablar sobre mí. Sobre mi yo más profundo. Sobre lo que siento y lo que no siento. Lo que quizás llegaré a sentir o lo que posiblemente nunca sentiré.
No sé bien que palabras poder utilizar. No sé bien si estará plasmada a la orden de lo que ahora se mueve en mí. Solo parto con una idea: El no saber.
Todo el rumbo caótico de mi existir ha sido influenciado por ello. Por el no saber. He pasado todo lo que hay en mi corta vida sobre "el no saber". Recliné todas mis aspiraciones a que quizás, un día llegara a saber. Hoy siento que ha sido en vano. No me siento mal por decirlo, ya pasé por esa etapa. He pasado por todas las etapas, e incluso creo que me he inventado algunas.
Es como si de repente ves que todos los seres van caminando fuertes. Con los pies fijados al suelo, anclando raíces. Gordas y potentes. Únicas y unidas. En sus manos llevaran secuestrado el tiempo y por ello, para esos seres, todo es imperante y acelerado.Efímero. Pero tú, ese personaje que todas las mañanas se levantas y ve el mismo reloj de siempre, no camina fuerte. No tienes raíces y mucho menos fuertes y potentes. Simplemente, no caminas. No avanzas. No eres dueño de nada, porque nada te pertenece, nada es tuyo ni suyo.Como si estuvieras prisionero en tu silla, en tu cama... en tu vida.
Y es así. Todos te miran, como ellos van fijándose más y más en el suelo. Incrustándose poco a poco en éste. Van andando y con cada paso van dejando su huella, su pisada firme. Sientes como se recrea un coro entorno a ti, aquellos seres con ojos imperiosos no dejan de observándote. Esperando el momento preciso para poder sentenciar los despistados y dudosos pasos. Buscando algo que se da, o que está, en nosotros mismos. Sin verlo o sin pretenderlo hacer.
Desglosándome. Desglosando en sí, sin pretender llegar a ninguna parte, sólo que ésta misma me haga fluir hasta una misma idea. Tengo la necesidad de conocer más la vida. Más allá, más profundo. Otra vez con ese insistente intento de "querer saber".
Nunca supe tanto de mí, nunca he llegado ni a saber nada, de lo que en verdad quiero. Sé, posiblemente dado por continuas caídas, que es lo que no quiero. Entonces, llegas al mismo punto de partida. Mandándome siempre "el no saber".
Nada queda si no te permiten coger impulso, para en vez caminar, saltar. Para quizás así, llegar más alto que los demás seres. Dejar de ser el objetivo de esos mirares sobrecogedores. Escapar de las manos de ellos, de su contingencia y su necesidad de medirlo todo por años, edades, horas, minutos, segundos. Todo está catalogado en ese tiempo pre-diseñado por éstos seres, algo que se escapa a esa catalogación, se pierde, se pudre o se muere. No sirves, no vales, no eres nada. Vacíos envueltos en títulos. Conocedores del saber sin saber que es.
Tomo nuevamente la oportunidad de hablar al viento, al aire, a todo. En cualquier instante, escogiendo yo éste mismo. Sin preocuparme de nada, de más allá sino de encontrar palabras necesarias. Solo yo, acá. Aquí mismo, sentada, delante de ti. De mi misma.
Hablando de mí, sin ni siquiera conocerme, sin ni siquiera saber qué se es o quién se es. Porque en verdad no sé. No sé nada y sé lo necesario, para ser consciente de ello.
- Es complicado llorar cuando sabes que te puedes oxidar. Cuando sólo estas en una silla sin dar pasos, buscando los pies adecuados que te guíen al camino que es.
No sé bien que palabras poder utilizar. No sé bien si estará plasmada a la orden de lo que ahora se mueve en mí. Solo parto con una idea: El no saber.
Todo el rumbo caótico de mi existir ha sido influenciado por ello. Por el no saber. He pasado todo lo que hay en mi corta vida sobre "el no saber". Recliné todas mis aspiraciones a que quizás, un día llegara a saber. Hoy siento que ha sido en vano. No me siento mal por decirlo, ya pasé por esa etapa. He pasado por todas las etapas, e incluso creo que me he inventado algunas.
Es como si de repente ves que todos los seres van caminando fuertes. Con los pies fijados al suelo, anclando raíces. Gordas y potentes. Únicas y unidas. En sus manos llevaran secuestrado el tiempo y por ello, para esos seres, todo es imperante y acelerado.Efímero. Pero tú, ese personaje que todas las mañanas se levantas y ve el mismo reloj de siempre, no camina fuerte. No tienes raíces y mucho menos fuertes y potentes. Simplemente, no caminas. No avanzas. No eres dueño de nada, porque nada te pertenece, nada es tuyo ni suyo.Como si estuvieras prisionero en tu silla, en tu cama... en tu vida.
Y es así. Todos te miran, como ellos van fijándose más y más en el suelo. Incrustándose poco a poco en éste. Van andando y con cada paso van dejando su huella, su pisada firme. Sientes como se recrea un coro entorno a ti, aquellos seres con ojos imperiosos no dejan de observándote. Esperando el momento preciso para poder sentenciar los despistados y dudosos pasos. Buscando algo que se da, o que está, en nosotros mismos. Sin verlo o sin pretenderlo hacer.
Desglosándome. Desglosando en sí, sin pretender llegar a ninguna parte, sólo que ésta misma me haga fluir hasta una misma idea. Tengo la necesidad de conocer más la vida. Más allá, más profundo. Otra vez con ese insistente intento de "querer saber".
Nunca supe tanto de mí, nunca he llegado ni a saber nada, de lo que en verdad quiero. Sé, posiblemente dado por continuas caídas, que es lo que no quiero. Entonces, llegas al mismo punto de partida. Mandándome siempre "el no saber".
Nada queda si no te permiten coger impulso, para en vez caminar, saltar. Para quizás así, llegar más alto que los demás seres. Dejar de ser el objetivo de esos mirares sobrecogedores. Escapar de las manos de ellos, de su contingencia y su necesidad de medirlo todo por años, edades, horas, minutos, segundos. Todo está catalogado en ese tiempo pre-diseñado por éstos seres, algo que se escapa a esa catalogación, se pierde, se pudre o se muere. No sirves, no vales, no eres nada. Vacíos envueltos en títulos. Conocedores del saber sin saber que es.
Tomo nuevamente la oportunidad de hablar al viento, al aire, a todo. En cualquier instante, escogiendo yo éste mismo. Sin preocuparme de nada, de más allá sino de encontrar palabras necesarias. Solo yo, acá. Aquí mismo, sentada, delante de ti. De mi misma.
Hablando de mí, sin ni siquiera conocerme, sin ni siquiera saber qué se es o quién se es. Porque en verdad no sé. No sé nada y sé lo necesario, para ser consciente de ello.
- Es complicado llorar cuando sabes que te puedes oxidar. Cuando sólo estas en una silla sin dar pasos, buscando los pies adecuados que te guíen al camino que es.