Hoy desperté con la idea de que algo me faltaba. Algo que no conocía o que posiblemente había olvidado.
Llevo meses intentando recordar que era aquello lo que posiblemente había dejado atrás, queriendo asegurarme de que no lo volvería olvidar, mas todo mi empeño en ello me fue imposible.
Me acomodé en el bordillo de la ventana, observando detalladamente los tejados.
Las luces del alba, el olor del café, el ruido de los despertadores todas me embadurnaron de pies a cabeza. Estaba viva pero me faltaba algo.
Me dirigí a la habitación, intentando al anhelo de conocer qué era lo que aquella mañana se me antojaba extraño. Lo vi todo tan absurdamente normal que sentí que lo único que era extraño en aquella habitación era yo. En ese momento, pensé que quizás todo aquello sólo sea un ligero pensamiento de mi imaginación, únicamente para distraerse.
Deseché ese pensamiento de inmediato al detallarlo retorcido hasta para mi mente.
Decidí sentarme en la cama y analizar cada objeto que la decoraba. Nada más allá de lo normal. "Muy normal", me dije. Justo ahí, en ese preciso momento, mi cerebro mandó una alerta a mí, dándome a entender de que todo aquello era algo tan estúpido, incluso para mí.
Desistiendo de qué era lo que me pasaba y acostándome en la cama., cavilé en el pasado como si nadara en el tiempo.Olvidé mi presencia y donde me encontraba, sólo dejé que un montón de imágenes me atropellaran: Sonrisas, lágrimas, sustos, atardeceres, anocheceres, copas algunas rotas, navidades, comidas, playas y fotos, camas vacías, caricias perdidas,etc.
Todo ello me traspasó tan rápido que sentí retroceder años en el tiempo hasta que unos meses se centraron en mi mente. Vi aquella sonrisa aquellos, ojos de duda constante, esa expresión al sostener el cigarillo, el mirar lejano que tomabas...
Volví al mundo y sentí que caía de mi cama como si desde un octavo piso se tratara, como si de repente cien kilos habían caído en mí sin yo poder apartarme de ello. Ni poder moverme. Paralizada en el momento.
Entonces vi lo que me faltaba. No eras tú. Eras lo que tú representabas.
Rápidamente me incorporé, dejando pasar los minutos. Sólo quise que la única acción que realizara fuera el sentir el tacto de mi piel contra las sábanas. Moviéndola poco a poco, como acariciándola. Me recreé que era tu espalda la que seguía, como tiempo atrás hacía. Que los grandes pliegues de la sábana eran parte de tu anatomía.
Sentí rabia y desilusión al comprender que la vida es un juego de ajedrez, y que yo había perdido demasiados peones dejando al rey desamparado.
Sólo dos noches bastaron para que se marcaran varios meses en mi memoria.
Empecé a recordar, la vida que estabas formando y las fotos que te delataban. Los mensajes ocultos en botellas online, y llamadas nunca contestadas.
Reí al viento y en soledad.
Agarré la poca dignidad que me quedaba, me levanté y salí. Lejos. Al mundo. A un mundo donde no me preocupe que me falta algo, ni intentar recordarlo. Donde no tenga que pedir perdón por olvidarme.
Decidí agarrar el poco mundo que conocía y las oportunidades que me quedaban.
Lo hice, aunque fuera sólo en fuera en el frío mundo de las promesas.