Burlesco,sí esa sería la palabra para definir como a veces es el destino.
Sabiendo que a la mujer que he añorado en mis profundos sueños, aquella que con mirada cautelosa seguía cada uno de sus pasos sin perder detalle alguno ahora estaba postrada enfrente mío, con todo su hermosura y su resplandor, nuevamente.
Ni en mis más venerados sueños me podría recrear algo por el estilo.
Curioso estaréis, por conocer como nació este amor y cómo empecé a sentir tal benevolencia por mi amada.
Contaban las nueve en mi reloj. El hermoso Sol se postraba ante la oscuridad dando a París esa plenitud y elegancia siempre caracterizada, pasando de la luz a la vida noctámbula que por aquel entonces se vivía.
Todo la jornada de este humilde decorador de lienzo y soñador
innato daba su fin, con algunas monedas en mi bolsillos y más vacías sus pinturas.
Había sido un día común, música sonante en la plaza, miradas de desdén por nuestros pequeños paraísos y una cierta euforia por ellas.
Incluso esa noche que empezaba parecía normal a las demás, las calles frías y rebosantes de grandes lujurias, pícaros contando una por una las ganancias dadas en la tarde y hombres que paseaban en busca de algún calor.
Había sido un día común, música sonante en la plaza, miradas de desdén por nuestros pequeños paraísos y una cierta euforia por ellas.
Incluso esa noche que empezaba parecía normal a las demás, las calles frías y rebosantes de grandes lujurias, pícaros contando una por una las ganancias dadas en la tarde y hombres que paseaban en busca de algún calor.
Daba mi paseo rutinario hasta llegar a mi posada, en donde solo el frío sería mi único acompañante, eso sí, junto con la más profunda soledad.La luna, que cada vez era más predominante en el firmamento, marcaba mi camino, me acompañaba y guiaba.
Mi gran amiga, solo tú has sido testigo de mis caminatas, decepciones y alegrías por este tópico camino - pensé mirándola fijamente, intentando clavar en mi retina toda su sonrisa-.
De repente, un sonido de la lejanía hizo que saliera de mi trance, y toda mi atención se postrara en la jovencita que enfrente mío se encontraba.
Miraba fijamente al río, sin perder detalle de cada uno de sus movimientos, parecía perdido su mirar, como en el agua una escapatoria encontrara.
- Pardon, madmoiselle, vous se trouve bien?,Je puex vous aider?- le dije, mientras me acercaba poco a poco a ella.
- Ah!, em... je ne parle pas français.
-Perdón señorita, pero, ¿se encuentra usted bien?
- ¿Qué le hace pensar lo contrario?- me contestó ella clavándome sus ojos - Le agradezco su preocupación, pero sé cuidar de mi misma. Gracias.- terminando esas palabras, se separó del río, dirigiendo su camino.
Permitirme el atrevimiento de ir por largas para describiros la perfección de aquellos ojos que por solo un segundo se clavaron en mí.
Jamás había sido testigo de presenciar unos ojos como aquellos, verdes como cual bosque de amazona se tratara, profundos y misteriosos pero, tristes. Como si en ellos se ocultase un gran pesar.
Fue tan el impacto que sentí, que mi corazón aceleró de gran frenesí. Parado, enfrente del río, me quedé, mis músculos no se movían, mi cuerpo entero estaba inmovilizado.
Fue tan el impacto que sentí, que mi corazón aceleró de gran frenesí. Parado, enfrente del río, me quedé, mis músculos no se movían, mi cuerpo entero estaba inmovilizado.
Pasé, puede ser tres minutos postrado ahí, sin movimiento alguno, recreándome una y otra vez esos ojos.
Reaccioné. Y miré a la luna. Poco después el reloj. Tal veloz es el tiempo cuando tu cuerpo no es testigo de ello.
Dirigí nuevamente mi camino hacia la posada. Era ya demasiado tarde y las calles de París se transformaba.
Quiero deciros, que recuerdo poco de aquel camino. Todo mi pensamiento quedó absorto en aquella mujer. Y mi cuerpo era un zombie del movimiento.
Llegué a mi solitario habitaculo, en sus paredes se veía como la soledad se aferraba a ellas sin ningún ahinco de alejarse.
Quitándome la ropa, me acosté.
Como habitual Morfeo llevó pronto a mi ventana. Dediqué cada sueño a ella, a su voz, su cuerpo....... sus ojos. La ví nuevamente a mi lado, y con vagas ilusiones, susurraba en mi oído, palabras que sé que nunca coneceré.
Caí en la locura. En el mundo que únicamente en mis sueños podían hacerse.
Como es de peculiar por mi humilde status social, tenía que madrugar. No tanto como los peces gordos que creen que a las 10 es más que suficiente.
Corrí aprisa por las calles. Llegaba tarde.
Al cruzar por el río, aminoré la marcha, y divisé a lo lejos la silueta de la perfección, era aquella señorita. ¿Podía ser que mi mente jugará conmigo?, ¿se convertía en tanto mi locura y mi deseo de volver a verla?
Aceleré el paso, corriendo a toda prisa, quería verla antes de que se marchara, me bastaba tan solo un segundo para volver otra vez a escuchar su voz y a ver lo que se había convertido en mi locura, sus preciados ojos.
Pero, bajo mi desgracia, cuando llegué, no vi nada.
Me arrodillé, colocando mis manos sobre mi cabeza, suspiré.
Pensé, largo y tendido de qué era lo que me pasaba, ¿ en verdad enloquecía?, ¿algo tan bello puede ser causante de la locura?
Lo dejé todo para el silencio, y quise que las palabras se las llevara el viento.
Me levanté, y dejé aparcado todos mis pensamientos en un extremo de mi mente.
Continué mi camino intentando poder explicar cómo había ocurrido aquello.
¿Puede ser que aquello que los poetas aclaman y plasman en sus poemas sea esto a lo que ahora mismo siento? o, ¿solamente un capricho?
Demasiado trance para una jugada del destino, excesiva locura para un solo simple capricho, ¿ o no?
Mi mente deliraba, mis pensamientos aún queriendo guardarlos emanaban de mí.
Creí desfallecer, era una pieza del destino. En donde sólo él conocía las reglas.
Mi mente deliraba, mis pensamientos aún queriendo guardarlos emanaban de mí.
Creí desfallecer, era una pieza del destino. En donde sólo él conocía las reglas.
(Continuará)
