Es habitual en mí, ya no tengo por que quejarme de esto. Es algo que vive y muerte, constantemente y sin yo poder evitarlo, en mi interior. Quizás esa misma palabras que tanto tiempo ha rondado por mi vida y, convirtiéndose en algo inevitable, ya me ha caracterizado y definido. Maldita sea.
Nunca se había convertido en una molestia, más allá que una sonrisa falsa y una mirada neutral pero forzada a mostrar felicidad, que no se haya podido solucionar. Cada día es peor y más notorio.
No lo comprendo. Roza más allá de las fuerzas de mi entendimiento. Pasaba, antes cuando me preocupaba que la gente lo notara demasiado, eternas tardes con la mente divagando en hallar, tan si quiera, la solución. - Como redacto aquí - Resultó en vano.
Quisiera mandarlo todo al cuerno, qué más da, al fin y al cabo, si he de morir con 30 gatos rondándome y ronroneándome por igual, lo prefiero, eso a una pandilla de seres de dos piernas que viven como cerdos en su mundo tan pulcro de hipocresía, imitando cada detalle del otro, todo llevado por la envidia y la codicia.
Es demasiado peligroso entrar de lleno en el terreno de arenas movedizas y decir que no me comporto como esos seres. Me crié con ellos. He llegado a conocerlos, pero no lo suficiente como para no seguir cautivada por esa extraña forma de vivir.
Resulta enigmático y peligroso.
¿Seré cómo esos seres?
Nada más anhelaría convertirme en el gran último teorema de Fermat y estar, casi 300 años, en el más oscuro limbo del misterio. Demasiado dada a la imaginación.
Resulta enigmático y peligroso.
¿Seré cómo esos seres?
Nada más anhelaría convertirme en el gran último teorema de Fermat y estar, casi 300 años, en el más oscuro limbo del misterio. Demasiado dada a la imaginación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario