Sigue mirando con asombro aún a pesar de la falta de costumbre, los diferentes rostros que con un leve desden cruzan desinteresados por las diversas callejuelas conocidas por su inmundicia poseedora de unos cuantos y yacente de más de un ser inerte,casi inexistente para la sociedad, testigo de la aparición constante de la noche. Hogar de los millones de seres que en tus pies y bajo tu adaptada vida son creadoras de ese mundo nauseabundo. Poca importancia da y revelante es para aquellos que son ciegos por antifaz negro sin matices posibles.
Y con una respiración entrecortada que hace que las pulsaciones de su débil corazón vallan a más, escucha los ruidos representativos de su nicho, lleno de suplicas de cadáveres, de frágiles manos de mendicidad, de tambores que van a la par de un coche fúnebre y oscuros gritos remitentes algún lugar que ahora no he de recordar y que por menos puedes peligrar lo que llaman vida y que hacen recrear todos los días. Sería el final del principio trenzando desvaneciente entre la brisa que aparece cuando da lugar al amanecer, y muestra el listado del derramamiento de sangre.
Pocas palabras de desconsolación faltan en la RAE para describir lo que aquí se vive constantemente, profundo infierno, efímero para todos los que puedan llegar a posar aquí sus pies y dejar atrás de si las penas. Mentes juveniles acompañadas de una pistola debajo de sus pantalones, jugando y creyendo que la guerra es una rutina maravillosa que en pocos aspectos trae consigo a ese compañante de gran vestir negro fiel a su guadaña.
Ruidos interesados de romper nuestros tímpanos y hacer que nuestros grandes miedos reluzcan a la luz, sin saber de quién o qué proviene ese cúmulo de dolor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario